Redes sociales entre las principales causas de tristeza y depresión en los adolescentes

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Amanda Coleman, en 2011, era presidenta de la hermandad a la que pertenecía en su universidad. Una de sus tareas era aconsejar a las estudiantes más jóvenes, quienes usualmente se presentaban tristes y estresadas. Facebook era uno de los temas recurrentes en las conversaciones. Amanda decidió entonces eliminar su perfil de esa red.

Un año después, el tema de las redes sociales y su relación con el autoestima y emociones en los adolescentes y jóvenes comenzaba a resonar en los medios.

Comportamientos que dañan

Tras quince años de observación, se dio a conocer un estudio de investigadores afiliados al National Center for Injury Prevention and Control (NCIPC), así como del Centers for Disease Control and Prevention; en el que se revelan nuevas señales de sufrimiento emocional en mujeres jóvenes y adolescentes.

El estudio se realizó a pacientes de 10 y 14 años que se habían infligido daño e ingresado a salas de emergencia estadounidenses. Los especialistas observaron que:

  • La cantidad de daño provocada parecía estar estable hasta 2008, pero aumentó en los años siguientes.
  • De 2001 a 2005, 110 niñas por cada 100 mil pacientes, ingresaron por provocarse lesiones.
  • Para 2009, las salas de emergencia estadounidenses ya recibían a mujeres de 20 a 24 años por la misma razón; casi 318 por cada 100 mil mujeres.
  • En 2015, los pacientes ingresados por estas causas eran 633 por cada 100 mil.
  • En el caso de los hombres de entre 14 a 24 años, la cantidad de ingresos se mantuvo estable.

Según los especialistas, ese tipo de comportamiento es un fuerte indicador de deseos de suicidio. Los investigadores suponen que la causa es el uso de los teléfonos inteligentes y el acoso por Internet. Uno de los indicadores para esa hipótesis es que se trata de adolescentes nacidos después de 1995, una generación que llegó en medio de los avances tecnológicos.

De acuerdo con los investigadores involucrados, de 2010 a 2015 fue un periodo de crecimiento económico; además, el tiempo dedicado a las tareas académicas tampoco se modificó como para causar estrés o depresión. Sin embargo, para 2012, el uso del smartphone había aumentado, justo cuando las estadísticas de depresión y suicidio también lo hicieron.

Problemas más allá de la procrastinación

Los avances tecnológicos son parte ya de nuestro día a día. Contar con un dispositivo móvil se ha convertido en una de la prioridades; estar conectado 24/7 se ha vuelto una necesidad; y estar presente en alguna red social parece indispensable.

Si bien estar en el mundo digital nos da ciertas ventajas y acceso a mayor información; también es verdad que consume gran parte de nuestro tiempo, atención, y no todo son beneficios.

El año pasado, la Real Society of Public Health (RSPH) dio a conocer que sólo YouTube, de las cinco redes sociales más populares entre los jóvenes, es la que tiene un efecto positivo en su salud mental. Para tener datos más concretos, pidió a 1479 adolescentes británicos, de entre 14 y 24 años, que valoraran el impacto de esas redes en su salud y bienestar. Se tomaron en cuenta cuatro aspectos: calidad de sueño, imagen corporal, ciberacoso y el sentimiento de perderse algo.

Malos hábitos y una versión distorsionada de la imagen propia, consecuencia de la exposición a redes sociales

Algunos investigadores han asegurado que la luz de los dispositivos interfieren con la producción de melatonina, la hormona del sueño. Uno de cada cinco jóvenes es capaz de despertar de madrugada para revisar su celular si suena. Esto obstaculiza un descanso adecuado, y provocar hasta tres veces más cansancio. Si se duerme poco o mal, pueden presentarse desórdenes como la depresión, presión alta, diabetes y obesidad.  

Además, los adolescentes ahora sufren miedo de perderse algo importante, no estar al día y ser molestado por eso. El acoso digital también se ha incrementado.

En cuanto a la imagen corporal, en las estadísticas de la RSPH, Instagram resultó ser la red social más dañina, seguida por Facebook, Snapchat, Twitter y YouTube. Con estos espacios, pareciera que se abrió un campo de competencia para saber quién tiene la mejor figura o es el más atractivo; sino también para presumir quién ha visitado los mejores lugares, viste la última tendencia en moda, o tiene los artículos más caros.

El informe de la RSPH indica que, al exponer a los adolescentes y jóvenes a estas redes —en especial a mujeres—, sus preocupaciones sobre su imagen aumentan, a diferencia de quienes no son usuarios de esos servicios.

Lo anterior sucede porque comienzan a comparar sus vidas y cuerpos con los otros; al ver los comentarios y cantidad de likes en otros perfiles, empieza una necesidad por lograr lo mismo. Como consecuencia, se generan sentimientos de tristeza, autocrítica dañina, y, por supuesto, depresión. Además, por querer encajar y tener más seguidores, también se ha notado que los adolescentes y jóvenes están recurriendo a hábitos que los dañan, como una mala alimentación o ejercicio excesivo.

El apoyo de todos es necesario

Sólo en Estados Unidos, en 2015, 73% de los adolescentes contaban con un celular propio. Más de la mitad de esos usuarios aseguro pasa más de cinco horas conectado, ¡al día!.  En nuestro país, según datos de la AMIPCI, el mayor porcentaje de los internautas se encuentra entre quienes tienen entre 12 y 17 años; el teléfono celular es el dispositivo preferido; y el acceso a redes sociales la principal actividad en Internet. Esto, evidentemente, ha provocado cambios en el comportamiento personal y social de los individuos.

Fuente: Pixabay

Claro está que, en cualquier época, los adolescentes han sufrido daños emocionales y conflictos con impacto en su salud mental; sea por el ambiente en el que se desarrollan, la forma en que se relacionan con los demás, o algún trauma. No obstante, es cierto también que la depresión, y algunos otros desórdenes psicológicos en los adolescentes actuales, están relacionados con la constante, continua y masiva exposición a imágenes de la vida perfecta, o de los cuerpos adecuados en Internet.

Para disminuir este conflicto, sin duda es necesario el apoyo de los adultos. La restricción no es la es la respuesta; Es indispensable buscar la interacción cara a cara desde el núcleo familiar; estar al tanto de lo que realmente ven los hijos en Internet. El ejemplo es la mejor herramienta; si un padre le dice a sus hijos que dejen el teléfono, ese padre debe hacer lo mismo. Y, sí el problema ya está presente y no cesa, lo mejor siempre será acudir con especialistas.