Cuanto más pronto, mejor. Lo que tus hijos deben de conocer acerca del sexo

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Parecería que, en estos tiempos, hablar de sexualidad es lo más normal del mundo; sin embargo, lo cierto es que, para muchos, es difícil aún tratar cualquier asunto relacionado con el sexo y la sexualidad.

Particularmente, no recuerdo a mis padres, en especial a mi mamá, usando eufemismos para responder mis preguntas sobre sexo. De lo que sí estoy segura es que su manera de acercarme a ese tema permitió que hoy yo tenga mucha más apertura, aceptación y respeto por todo lo que implica la sexualidad —la mía y la de los demás—.

Sé muy bien que mi caso no es el de muchas otras personas; incluso entre mis círculos de amigos más cercanos y compañeros, hay historias de cómo hablar de sexualidad fue un tabú durante su infancia y de lo mucho que les ha costado aceptar la sexualidad como una parte natural del ser humano.

La sexualidad no sólo es el acto sexual en sí; sino a toda una serie de características, situaciones, preferencias y muchos otros temas.

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Aunque existen educadores especializados en sexualidad; sigue habiendo un montón de datos y tópicos que resultan incómodos de hablar, sobre todo durante la infancia. Es verdad también que, por muy increíble que parezca, existen escuelas donde no se da educación sexual; o donde los padres se oponen a que sus hijos reciban esa información.

La educación sexual es responsabilidad, sí, de los educadores; pero también de madres y padres. Cuanto más pronto estos temas dejen de ser un tabú desde casa, niñas y niños comenzarán a normalizarlo y a sentirse seguros hablando al respecto.

Con una educación sexual adecuada, se reducen las probabilidades de embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual; también se aumenta el respeto por el cuerpo propio, así como por el cuerpo y preferencias de los demás.

¿Cómo hablo de sexualidad con mis hijos?

La sexualidad es parte de la vida de las personas; por esta razón, es muy normal que niñas y niños comiencen a tener curiosidad acerca de su cuerpo, de sus genitales, o de cómo se hacen los bebés.

Bernabé Tierno, psicopedagogo español, decía que la educación sexual es un tipo de educación que los padres deben llevar a cabo de forma gradual; pero constante. Para este psicólogo, uno de los grandes errores es separar la educación sexual de la educación integral.

Amber Madison, en entrevista para el diario español ABC, reconocía lo difícil que es acercarse a hablar de sexualidad con los hijos, pues, por motivos diversos, los padres no siempre saber qué decir ni cómo. No obstante, el que los padres estén presentes en la vida de los hijos es fundamental y ayuda a tratar diferentes temas sin muchas complicaciones.

Hablar con tus hijos sobre sexualidad es una forma de aprender juntos, de romper tabúes (también los prejuicios que te enseñaron o fuiste adquiriendo a lo largo de la vida); y, sobre todo, para prepararlos a una vida sexual más sana.

De acuerdo con la American Academy of Pediatrics, cuando los niños comienzan a hacer preguntar, hay una serie de acciones que pueden facilitar la conversación:

  • No reírse ni burlarse de los pequeños, por muy cómica que parezca la pregunta. Hacer lo contrario, podría causar que tu hijo se sienta avergonzado y no quiera continuar hablando al respecto.
  • Asumir una actitud sin pena y sin tanta seriedad.
  • Llamar a cada cosa por su nombre, desde las partes del cuerpo hasta los actos sexuales.
  • Preguntar a tus hijos si respondiste sus preguntas.
  • Percibir reacciones y respuestas de tus hijos.
  • Escuchar opiniones y retroalimentación de tus hijos.
  • Prepararse para repetirlo cuantas veces sea necesario.

Lo más importante para tratar esos temas es no dejarse llevar por la vergüenza; mostrar que la sexualidad es un tema natural y normal.

¿De qué les hablo?

Podemos pensar que el momento de hablar de sexualidad con nuestros hijos es cuando empiecen a preguntar, ¿pero qué tal que no lo hacen? Si alguien no cuestiona no quiere decir que no tenga dudas; así que, como padres, la labor es abrir la puerta al diálogo.

1. Hablar de sexo es hablar de identidad de género y orientaciones sexuales

Cindy Pierce, en entrevista con The Huffington Post, asegura que tener conversaciones con los hijos es mucho mejor cuando son pequeños, incluso antes de los 5 años; ya que no están tan expuestos a contenido sexual en Internet y son más tolerantes cuando hay que tratar estos temas con adultos. Además, comenzar a platicar con tus hijos desde que son pequeños es un buen entrenamiento para mantener conversaciones continuas más adelante.

Lo anterior también ayudará a abrir el panorama del pequeño y mirar la diversidad sexual que puede encontrar. Pierce hace hincapié en la importancia de usar un lenguaje en el que se incluyan todas las identidades de género y orientaciones sexuales; así como revisar estos temas cada par de meses.

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2. Tu cuerpo, tu decisión

El consentimiento es uno de las enseñanzas esenciales. El respeto por el cuerpo propio es el camino para el respeto hacia los demás.

Enseñar por qué el cuerpo debe estar sano y limpio, asegura Lydia Bowers, consultora sexual de primera infancia, es una forma de mostrar respeto durante los primeros años de vida. Más tarde, significa permitir que el pequeño decida si le gusta o no que le hagan cosquillas, por ejemplo; o si prefiere o no dar o recibir un beso o abrazo.

Respetar esas situaciones y aceptarlas es una manera de enseñar al niño que es responsable de su cuerpo; que lo debe cuidar y que nadie tiene derecho de hacerle algo que no quiera. Asimismo, es una forma de ayudarles a procesar el respeto a las decisiones de los otros.

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3. Al pene, pene; a la vagina, vagina

Durante mucho tiempo llamar a los genitales por su nombre era vergonzoso y pecaminoso; ¿pero de qué otra manera habríamos de llamarlos? Normalizar los nombres de cada parte del cuerpo, no sólo de los órganos sexuales, contribuye a romper con estigmas sobre el cuerpo humano. Además, se convierte en una herramienta importante de seguridad; da la capacidad de usar el lenguaje correcto para hacer notar un dolor, algo anormal o, incluso, denunciar abuso sexual.

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4. La pornografía no es un modelo de sexo real

La tecnología y el acceso a la información hace que los hijos estén expuestos a todo tipo de contenido, entre el que se encuentra la pornografía. Por ese motivo, es un tema que debe ponerse sobre la mesa.

Es importante no reaccionar de forma exagerada si sabes que tus hijos han visto pornografía; sólo hablar de ello y anotar que la pornografía no es sexo real ni significa expectativas que cumplir.

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5. La sexualidad no es sólo el coito

Ceñirse sólo al sexo como parte de la educación sexual es brindar información incompleta.

La autoestima, la identidad de género, la orientación sexual, la imagen corporal, el acoso sexual, la violencia entre parejas, la anatomía, los métodos anticonceptivos, el embarazo, el placer, y la autonomía corporal también son parte de la sexualidad.

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6. Lo que a ti no te gusta puede ser agradable para alguien más, o viceversa

Es importante enseñar a los hijos que si algo les disgusta o gusta a ellos, no necesariamente tiene que ser igual para los demás. Nadie tiene que verse obligado a practicar algo o probar algo que no le gusta o no desea (punto 2).

Hablar con tus hijos de lo que te hemos mencionado, les ayudará a entender la diversidad; lo cual, a su vez, contribuirá al respeto y al rompimiento de estigmas.

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7. Está bien tener preguntas sobre sexo

Contrario a lo que muchos podríamos pensar, los hijos sí quieren hablar con los padres sobre sexo. Así que, la mejor herramienta es la comunicación y sus preguntas; cuando eso sucede, es menos probable que los hijos participen en conductas sexuales riesgosas.

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Además, aceptar que está bien tener preguntas sobre sexo también aplica para los adultos; sobre todo porque es probable la llegada a un punto en el que no estés seguro de la respuesta; es muy válido aceptarlo y animarse a investigar juntos.