Esta triste historia nos explica la importancia de donar inteligentemente tras una catástrofe

Esta triste historia nos explica la importancia de donar inteligentemente tras una catástrofe

- Por

Donemos pero no en especie” con este mensaje empieza la historia de un usuario de twitter, que invitó a quienes querían ayudar a las poblaciones de Oaxaca y Chiapas, afectadas por el sismo del pasado 9 de septiembre, a evitar hacer donaciones en especie, ya que en muchos casos durante las primeras horas después de una tragedia como esta, las ciudades están en el caos y es muy difícil dar buen uso y almacenar este tipo de donaciones.

Para subrayar la importancia de este mensaje, el usuario cuenta en una serie de tweets su experiencia en un centro de apoyo durante las explosiones de petróleo en el sistema de alcantarillado de la ciudad de Guadalajara, el 22 de Abril del 1992. En ese entonces tenía 14 años y aprendió una de esas lecciones que pueden resultar extremadamente útiles durante estas catástrofes. Porque nadie, absolutamente nadie está preparado para algo como esto y contribuir de una manera correcta, evitando donar bienes superfluos, que se pueden echar a perder fácilmente, difíciles de transportar o no exactamente “de primera necesidad” es una recomendación que todos deberíamos de recordar a la vez de aportar nuestro granito de ayuda. Aquí reportamos la historia que apareció en Twitter:

«Voy a contarles una historia del horror que son las donaciones en especie.
22 de abril de 1992, Guadalajara.  
Aquello era un desmadre.
Muertos por todos lados, casas derrumbadas, carros en los techos de construcciones a punto del colapso…

La gente se dividió rápidamente en tres bandos. Los que se pusieron a rescatar heridos, los que empezaron a donar, y los que les valió pito.
Yo no era apto para estar de rescatista (tenía 14 años) pero sí colaboré en un centro de apoyo, apoyando rescatistas.

De pronto llegó una de mis maestras de secundaria. Con mucho cariño, ella y sus amigas hicieron una olla de sopa caliente. Una olla pozolera de las grandotas, chingona, que olía que alimentaba. Y nos la regaló, que para que le diéramos de comer a los rescatistas. Nosotros tomamos la olla y, con todo el dolor de nuestro corazón, la arrinconamos. La maestra se fue indignada.

Habían gastado un chingo de dinero en hacer la sopa. La habían hecho con todo cariño. Y nos fue perfectamente inútil. ¿Por qué? Porque no teníamos platos para llevar la sopa. Porque no teníamos a quién llevara la sopa. No podíamos tampoco llevar la sopa a un comedor. No teníamos con qué llevarla. Cincuenta litros de sopa se echaron a perder.

CINCUENTA LITROS DE SOPA.

Si la maestra hubiera llevado, en lugar de sopa, bolsas de arroz, hubiera sido más fácil organizar algo. PERO: Para cocinar el arroz nos hacía falta un lugar dónde cocinar. No podíamos cocinar, por riesgo de explosiones adicionales.

Tampoco teníamos aceite. Ni platos. Ni cubiertos. Ni servilletas. Ni nada útil. Pero teníamos que darle de comer a los rescatistas.

Alguien, bendito sea, llegó con una paca de billetes. El jefazo me miró y me mandó a buscar pan a un expendio de la Bimbo, crema, y jamón. Terminamos haciendo unos sandwiches madreados para los rescatistas, envueltos en servilletas. Pero nos fue mucho más fácil que servir sopa. Las mismas bolsas del pan nos sirvieron de portaviandas. Y podíamos ir con la bolsa entre los escombros. Si se nos caía, la podíamos juntar.

Paralelamente seguíamos recibiendo donaciones. Recibimos vestidos de quinceaños. Abrigos para invierno. Aspirinas. Curitas. Para tres chingadas nos iba a servir eso. Necesitábamos otras cosas. Material de curación. Antibióticos. Raro era el dinero que llegaba. 

Un chingo de cosas se echaron a perder en los almacenes. Porque no podíamos darles uso. Por eso, insisto, por piedad, donen dinero.

Si gastan 500 pesos en ensaladas de atún, sé que se sienten bien, pero a lo mejor no necesitamos el atún. O a lo mejor sí, pero en lugar de comprar 50 latitas de atún compramos veinte latonones, que alimentarán a 300 personas, no a 50.

No me sirve que lleguen con kits de primeros auxilios de 20 pesos con agua oxigenada y 3 curitas. Necesito antibióticos. Agradezco que me regalen zapatos y abrigos. Prefiero que me den dinero para comprar madera y clavos y hacer un refugio temporal. Y peor: no me sirve de nada tener un camión de cosas en Sonora. Tengo que moverlo hasta Chiapas. ¿Cómo voy a pagar el transporte?

Por favor, no me canso de decirlo, donen dinero. A la Cruz Roja, de perdida. A Hábitat para la Humanidad. Al DIF. Pero dinero.»

El tema vuelve a tomar importancia el día de hoy, tras el sismo de 7.1 de magnitud que sacudió la Ciudad de México y por el que el número de personas fallecidas asciende a 217 hasta el momento.

Frente a la tragedia, todos ayudan como pueden y las muestras de solidaridad viene de todas partes. En las redes sociales la gente comparte información sobre los desaparecidos, imágenes de niños que buscan a sus padres y de personas que se ha logrado sacar de los escombros para que los familiares den con ellas y sepan donde encontrarlas.

Google ha activado un buscador de personas, un servicio que permite introducir información de la persona extraviada para saber si se encuentra anotado en alguna lista en hospitales, centros de atención o listas de rescate. Mientras que en Twitter y Facebook se comparten comunicados acerca de materiales que necesiten en los centros de apoyo para poder seguir con las tareas de rescate.