Son emprendedoras, pagan impuestos y no venden su cuerpo sino experiencias íntimas

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Cuando pensamos en prostitutas pensamos en burdeles, padrotes o en que estas chicas no tuvieron otra opción para trabajar en algo más “digno”. Muchos años de discriminación y prejuicios han hecho de las prostitutas el peor oficio del mundo. Pero esta situación ha cambiado en los últimos años, muchas sexoservidoras trabajan de forma independiente y con toda la libertad del mundo.

Un ejemplo de éxito en el negocio de la prostitución freelance es el de Valérie May. Esta bella joven de 28 años decidió ser emprendedora de su propio negocio de servicios sexuales, ayudada por su novio. Y no, esta chica no ejerce un rol de madrota, la peliverde hace negocio con su servicio de girlfriend experience (un servicio de scorts, en el que la prioridad principal no es la de tener sexo, sino tener una experiencia más íntima y personal).

Crédito: @valerie_maygfe

Valérie cuenta que no le avergüenza su microempresa y que sus amigos y familiares están enterados de lo que ella realiza. Aunque tiene estudios y experiencia laboral, la barcelonesa decidió que prostituirse era la mejor alternativa para no “seguir formando parte de ese sistema laboral” que le pagaba una miseria. “La sociedad prefiere que seas camarera trabajando doce horas al día por 600 euros a trabajar en esto”, afirma Valérie May.

Tras la etiqueta fácil nos encontramos a una mujer ilustrada y con buen criterio. En su página web, May se describe como una chica normal que ama tomar matcha, la comida mediterránea y las películas de futuros distópicos. Además, establece sus horarios laborales y su criterio de evaluación para quienes quieran solicitar sus servicios.

En una entrevista, declara que ella paga impuestos como cualquier trabajador independiente y por ello recibe seguro médico. Gana  de 100 a 200 euros por hora, es decir, unos 2 mil o 4 mil pesos. Nada mal, eh.

Imagen: Instagram

Otra de las defensoras de la prostitución freelance es Natalia Ferari, quien afirma que haber elegido este trabajo ha sido una de las mejores decisiones de su vida, no solo a nivel sexual, también por el empoderamiento que ha obtenido como mujer. “Uno de los errores comunes es pensar que te pones a uso y abuso del señor que te paga. No. Las putas tenemos definida la experiencia que ofrecemos con lujo de detalles”, aclara Ferari.

Natalia reniega del sentido peyorativo que algunas personas le dan a la palabra “puta”, también reniega del componente clasista que contiene. “Me llamo puta sin que me tiemble la voz y sin que me de vergüenza (…) como trabajadora sexual y mujer promiscua, sé que el valor de una persona no está en el uso de sus genitales”, dice la joven de 25 años.

Imagen: @ammarredtrasex

Al igual que estas chicas, existen una gran cantidad de prostitutas que se definen como  feministas, defienden su trabajo y afirman haberlo elegido por ser la mejor opción, no la última. Ellas afirman que tienen un control total sobre su cuerpo y no permiten que otros les digan de qué manera comportarse o disfrutar de su sexualidad, sensualidad o erotismo. Esta nueva forma de prostitución está incomodando a las personas conservadoras, para ellos la prostituta es una mujer triste, con un pasado difícil y un futuro doloroso. No pueden aceptar la idea de que una “puta” se divierta, tenga novio y salga a pasear con sus padres sin problemas morales.

Las neo-prostitutas se valen del internet y las redes sociales para hacer publicidad de sus servicios. Muchas de ellas programan sus horarios sin tener que unirse a una organización o estar a la disposición de alguien más. Así que se termina todo ese maltrato y control que tienen los famosos chulos o camellos, que reunían y ofrecían a grupos de mujeres como si fueran ganado. Estas nuevas chicas son sus propios jefes y establecen sus propias reglas, lo que significa que también escogen a sus propios clientes. Nada de concretar una cita con duda o miedo de por medio.

En España existen organizaciones que velan por los derechos de las trabajadoras sexuales. Aprosex, Putas Indignadas, Putas y Alianzas y la asociación Genera, tratan de concientizar a la sociedad de que los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos y de que la criminalización de su trabajo sólo les afecta y no sirve para combatir la trata.

Las prostitutas no son objetos. Son sujetos de derecho con capacidad para decidir sobre su cuerpo, organizadas en todo el mundo para que su trabajo sea seguro y nadie pueda abusar de ellas impunemente.

Imagen: Mendoza Post

Esta nueva forma de dedicarse a la prostitución está llamando la atención de los medios y las organizaciones civiles, pero también de los clientes. Muchas personas que recurren a estos servicios están dándose de topes con la pared al ver a mujeres con personalidad, voz propia, tema de conversación y muchas más cosas que simplemente un acostón rápido en un sitio horrible. Estas mujeres afirman que sus clientes también han cambiado, son personas (hombres en su mayoría) con mejores salarios, más cultos, personas a las que les gusta platicar, tomar algo, pasear y no solamente dedicarse a lo sexual. Es ahí donde la prostitución freelance extiende los servicios para cada persona.

El trato de estas chicas es personalizado y se puede entender más como una cita de Tinder (con sexo seguro al final) que como un proceso en donde se da dinero a cambio de una relación sexual. Muchas personas quieren compañía antes que un simple acostón y es ahí en donde estas chicas están revolucionando las cosas. Ya no se puede decir “puta” como una ofensa, ahora es motivo de orgullo para muchas de ellas.

Crédito: Twitter