¿Crees que ser el mejor amigo de tus hijos sea bueno?

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Cuántas veces no les dijiste a tus padres durante tu adolescencia cuando te enojabas: «¡Todos mis amigos me entienden menos tú! ¡Ojalá fueras mi amigo!» Muchos de esos adolescentes que ahora son padres intentan entonces un papel de amigo más que de autoridad porque quieren ser cool  y que sus hijos «les cuenten todo». Error. Nuestros papás lo hicieron bien, pero si tú quieres ser su mejor amigo, lo estás haciendo muy mal. En serio.

¿Pero cómo es que no puedes convertirte en el mejor amigo de tu hijo? ¿No se supone que hacerlo significa que te tengan más confianza para contarte cualquier cosa? En realidad, no. Diversos psicólogos expertos en temas familiares comentan que los niños necesitan límites y una figura autoritaria, aunque no lo quieran o acepten. El problema es que hoy en día muchos piensan que lo mejor es «dejar ser» a los hijos y que la mejor forma es siendo su amigo.

Juan Pablo Arredondo, psicólogo con gran experiencia en niños, autor de varios libros de crianza y familia,  argumenta que en lugar de ser el bff debes ser un papá con estas características:

– Saber cuándo y cómo poner límites

– Interesarte por lo que sucede en tu familia

– Ser empático

– Destinar tiempo de calidad suficiente

– Mantener una comunicación sana con tus hijos

Uno de los puntos que más discuten los papás es la empatía. Ser empático no quiere decir que le des permiso de hacer todo. Al contrario. Entiendes su necesidad, la analizas y le ayudas a tomar una decisión adecuada.

Tres razones suficientes para NO ser su mejor amigo

Los niños necesitan amigos de su edad. Un amigo, para los niños es un cómplice de travesuras, anécdotas y actividades. Cuando te vuelves su cuate en lugar de su padre, tu hijo te ve a su mismo nivel. De repente te conviertes en alguien que lo solapará cuando no quiera hacer algo y por supuesto no le dirá que no puede hacer tal cosa. En el momento en que quieras poner orden, seguramente tu hijo no querrá obedecer. Los padres deben ser figuras de autoridad y algo mucho más importante: darles seguridad en cualquier momento o situación. Mejor, ayúdale a formar amistades sanas y a elegir adecuadamente a los amigos que seguramente serán parte de su vida.

Necesitas poner orden y disciplina. A menos de que quieras que tu hijo haga lo que se  le de la gana, debes enseñarle límites y consecuencias. Sin embargo, no tienes que convertirte en un dictador porque justo lograrás el efecto que quieres evitar: que te oculte cosas y mienta. El orden y la disciplina puedes enseñárselo siempre platicando y hasta negociando. Si quiere ir a una fiesta, pero tú no tienes confianza en la gente que irá, explícale. ¡Sé sincero!Después, deja que te platique y cuente por qué puedes confiar en que estará bien y lleguen a un acuerdo. Aprende a escucharlo, no sólo a decirle que no porque la razón la tienes tú. Dale permiso de enojarse contigo cuando le llames la atención. Recuerda que también fuiste niño y te costaba entender por qué te ponían límites.

No por no ser su amigo no eres suficientemente cool. Eres su mamá o papá y eso no quiere decir que no puedas sentarte un domingo en pijama a ver Netflix toda la tarde, o desayunar pizza un fin de semana. Muchas personas confunden la paternidad con una dictadura, y hay otros que se van por el lado totalmente contrario de la permisividad al máximo. Tu hijo no te quiere más o menos por el número de permisos que le des o le compres el celular último modelo. Te quiere (aunque en su rato adolescente te diga que no) porque lo escuchas, entiendes, no impones sin fundamentos, platicas y le dedicas tiempo. Eso es ser cool. Si por el contrario lo dejas hacer todo, todo el tiempo, lo estarás enseñando a que el mundo real funciona así cuando es todo lo contrario y de adulto tendrá problemas para relacionarse con los demás.

No confundas amistad con paternidad. En un futuro te lo agradecerá, tal y como tú lo haces ahora con tus papás.